Miedo al cambio establecido

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El crecimiento de los nuevos modelos de consumo colaborativo es parte de un cambio irreversible e imparable, un cambio no sólo de la economía, sino de la mentalidad de los usuarios. Las empresas tradicionales tienen miedo, todo cambio rápido e intenso trae consigo ganas de conservar lo que viene dado. Lo desconocido asusta y los que no están siendo valientes apostando por la innovación intentan ralentizar al resto con palos en sus ruedas. Ocurrió lo mismo con el salto al e-commerce.

Guste o no, sin embargo, la realidad está ahí, y los avances tecnológicos la hacen cada vez más evidente e inevitable. Los usuarios han visto la oportunidad de poder optimizar sus recursos, de compartir, de lograr una mayor rentabilidad de sus pertenencias y eso nadie lo va a poder frenar.

La comunidad de usuarios basada en la economía colaborativa BlaBlaCar se enfrenta este jueves a una acusación de competencia desleal tras seis años permitiendo a usuarios en España compartir los gastos de sus trayectos en coche. En efecto, si alternativas como la suya han conseguido preocupar a la “vieja escuela” es porque funcionan en una nueva mentalidad.

Tener o poseer ya no importa; sino alquilar, tomar prestado y compartir. Ya sea el trayecto de coche, un apartamento, un barco e incluso el tiempo libre. El usuario de hoy en día busca optimizar recursos, compartir lo que tiene e intercambiarlo por lo que necesita, y si eso lo puede hacer reduciendo las emisiones de CO2, entonces ya no hay vuelta atrás.

Optimizar y hacerlo en tu sector implica un crecimiento del mismo. Esto no tiene que verse como una amenaza, sino como una oportunidad global para estimular la industria y ofrecer un servicio más justo para los usuarios. Dar la espalda a los avances tecnológicos no debería ser una opción.

En el caso de prohibirse BlaBlaCar en España, seríamos el primer país en Europa en hacerlo. ¿Un orgullo? No creo. Uber, Google News, ya son algunos casos que muestran de forma latente que España se está convirtiendo en un país donde la evolución de la economía digital se ve frenada por una extrema regulación. Eso debería, como mínimo, hacernos reflexionar y decidir si realmente creemos que el futuro va hacía allí. Yo tengo muy claro que no.

La gente está pidiendo en todos los ámbitos de su vida una organización justa y equitativa de la sociedad. Una sociedad con la libertad de hacer uso de lo que tiene y de lo que no, de intercambiarlo y de compartirlo. En definitiva, de cambiar. Y de no tener miedo, eso es de cobardes.

Sacha Michaud, co-founder de Glovo

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